viernes, 19 de diciembre de 2008

De Regreso A… Casa??

Después de largas horas dentro de las jaulas de la escuela, mejor no la llamo así que más suena a colegito de niños de primaria. Quiero decir que después de estar metida por horas en “Bau” llegó la hora que por fin dan por terminada las clases.

Elvia, Diana y yo solemos dirigirnos al paradero donde tomaremos nuestros respectivos buses. Yo rumbo a… casa? No!... rumbo a casa no voy así de rápido. Llego a casa desde luego, pero hora exacta de llegada no tengo. Suelo aparecerme a las 10 de la noche, pero no se alarmen que llego junto a mis padres, pues la mayoría de las tardes voy al trabajo de papi que está en el centro de Lima, para echarle una mano o porque tengo cosas que hacer.

Pero la mayoria de las veces busco cualquier excusa para quedarme allá pues como ya expliqué, en mi casa no quiero estar. Abancay, Camaná, Azángaro, Quilca, Jirón, Grau, Amazonas y todos los lugares que tiene que ver con libros. Ese es mi mundo y lo es desde que tengo uso de razón.

Al tomar el carro que me lleva rumbo a Abancay, me coloco los audífonos con el afán de aminorar el sonido del claxon de los carros y buses que transitan en la capital. Pero hay algo que no puedo evitar…

- Amigo padre, madre de familia, jóvenes estudiantes, hoy….

Por más que mis oídos escuchen la música que para mi es una delicia (y que para otros es irritante), mis ojos miran al niño, al adolescente, al joven, al adulto, al anciano indigente pedir una colaboración para llevar un plato de comida a su hogar.

¿Será cierto lo que me dice? Hay personas que en verdad no tienen un trabajo y que lo hacen por su familia, pero hay otros que solo sacan provecho de la sensibilidad del pasajero para saciar sus deseos envueltos en la droga, alcohol y mujeres.

- …pasaré por sus respectivos asientos esperando su gentil colaboración….

Este me convenció. Siempre es bueno tener unos sencillos en los bolsillos para, como una vez escuché... mantener a la calle, pues es seguro que subirán otros más durante el trayecto. Al pasar por mi lado dejo caer unas monedas en el bolso que me extiende. No es grande pero poco a poco se va llenando el saquito… o en este caso, el bolsillo.

A las 2pm llego a Abancay. Los pirañas se dejan ver a cualquier hora del día, siempre están al asecho esperando robar a algún inocente (idiota para mi pues... si está caminando por Abancay!!... por favor!!). Los ambulantes invaden todas las veredas, la multitud de personas que se dirigen rumbo a la Galería Central es exorbitante y los semáforos malogrados causan el típico caos vehicular que lleva a los peatones a “sortear” los carros para poder trasladarse de un canto a otro.

Ese es el ambiente caótico de Lima, el de todos los días…

Acostumbro llegar a las 2pm al local de papá que está ubicada en el jirón Azángaro. La tienda tiene el apellido de papá pero el nunca para allí, es mamá quien administra el local cuidando las ganancias del día, pues mi padre esta enfocado en otras cosas.


- Buenas tardes Maa!! ¿Hay venta?

Es la pregunta que siempre hago al llegar, con eso quiero decir que el negocio me interesa, ¿Que me interesa? Que no me va a interesar si desde mis 7 años trabajo ahí.

- Nada… Hoy el día está muerto.

La respuesta depende de la época en la que estamos, nuestra temporada es la campaña, desde Enero a Junio? Julio?.. Por ahí, después el resto del año es la época de las vacas flacas. Osea nada

- Bueno, bueno… yo tengo muuuucha hambre - y poniendo la cara de niña buena y abnegada le pregunto: me das plata para mi menú?.- le extiendo mi mano a la espera de recibir las monedas que lograrán acabar con mi hambre.

Mamá abre la caja y suspira. – Plata, plata, plata… eso no más saben pedir.

Rumbo al restaurante veo todas las calles en ¿mantenimiento? En otras palabras, pistas rotas, veredas llenas de materiales de construcción, redes naranjas que cercan el perímetro de la obra en ejecución, los tractores y demás equipos que nos destrozan los tímpanos cada vez que rompen una pista.

“Cuando será el día en que terminen con esto. En todos lados obras por aquí, obras por allá…. Ojala que funcione pues”

Hoy decido almorzar la comida cotidiana. Mi menú consiste en una rica huancaína y en un delicioso ají de gallina. Recién empezaba a saborear mi comida cuando mi celular suena. Era el timbre Psicosis que le asigné a mamá.

- Si mamá que pasa. Estoy comiendo…

- Rojas acaba de llamar y me ha hecho pedido, ya sabes que libros pide. Yo no los tengo a la mano, así que vas a corretear para recolectar. Apúrate para que despues no me digas que no tienes tiempo ya?

Cuando mis padres me dieron mi celular me sentí... chévere.- Al fin mi celular!! Ya no soy bicho raro- Pero el tener tu cell tiene sus pros y contras, claro ahora podrás mensajearte con tus patas y decirles lo que quieras hasta en las madrugadas. Las conversaciones serán más privadas, pero… por otro lado no te puedes fugar así de repente. Si te demoras, lo más seguro es que mamá o papá empiecen el clásico interrogatorio “¿Donde estas?¿Por qué demoras? ¿Qué estás haciendo?” O sencillamente, como si fuera cierto eso de que las madres tienen un sexto sentido, justo te llaman cuando estas en...(jum jum... next!!), y te malograron todo pues.

- Aaaaaasu, Ahorita? Mmm ya pues será. Termino rápido y voy para allá, OK?

“Plop!! Ni comer tranquila puedo ahora”

Luego de un ají sin gallina y arroz semicrudo, me dirijo a la oficina rápidamente. A penas llego y mi madre me da la lista y el dinero con el que costearé los libros que faltan. Me paseo por los tradicionales huecos de compra y después de una hora regreso con todos los libros que me encargó.

- Ahora si me voy, tengo un montón de tareas, así que me retacho pa la casa.

Mamá me deja ir no sin antes recitarme todo lo que tengo que hacer al llegar a casa. “Revisa el cuaderno de tus hermanas, seguro tienen examen mañana. Estudien, les das su lonche para que se vallan a la cama temprano, que no vean televisión,...”

- Yaaaaaaaaa

Para abordar la combi que me lleva a casa tengo que “bajar” a Wilson. El tramo me lleva unos 10 minutos para llegar al paradero. Durante mi trayecto veo a unos niños jugar fútbol en la plaza Francia. Son los niños de Remar. Diviso y reconosco a uno de ellos...

- Uyy ese enano me odia-

cuatro años atrás cuando pasaba con mamá por esa misma plaza, el y unos niños más jugaban fútbol. Nosotras caminábamos tranquilas, pero la desfachatez de este enano por hacerse el bacancito pateó la pelota en dirección nuestra, tal vez si me caía le gritaba y ahí quedaba todo, pero la lanzó a mi mamá.

- Señora, disculpe- Lo decía riéndose.

La palabra aquí seria que me llegó lo que el mocoso hizo, le pude haber pegado pero decidí hacer otra cosa más interesante. Corrí hacia la pelota y la cogí.

El se dio cuenta y trató de quitármela, aunque la diferencia de nuestras edades no era mayor a los tres años, me pidió la pelota de una forma no muy educada que digamos. Por más callejero que sea uno, a mi no me asustan… yo también paro en la calle y se como es esa cuestión.

- No te entregaré la pelota hasta que te disculpes a buenas maneras con mi mamá, y te puedo asegurar que si no lo haces, esta misma pelota se la regalare al primer niño que se me cruce en el camino.

- No me creía, pensaba que solo lo hacia para intimidarlo.

- Voy a llamar a mi mamá si no me la das.

- Llámala si quieres, crees que no conozco a tu mamá, crees que así me vas a dar miedo, llámala para ver quien sale perdiendo acá.

- Oo!! Ya pes chibola dame la pelota.

- Ya te dije lo que tienes que hacer, si la quieres hazlo

- No quiero pues. Y agarró unas botellas de plástico que estaban en el suelo con las que amenazaba tirármelas.

- Muy bien, tú decidiste… Mamá!! Vámonos no más. Este mocoso ya perdió!!

El niño me siguió hasta mi paradero con las botellas en la mano, exigiéndome que le devuelva la pelota. Yo no le hice caso y justo vi a nuestro carro acercarse. Mamá lo paró, me decía que le entregara la pelota, pero yo en mis trece no quería. Cuando estaba apunto de subir a la 42 decidí dársela, pero al voltear me lanzó las botellas. Con las justas alcancé esquivarlas.

- Ya te jodiste niño malcriado, olvídate de tu pelota, y cuídate que mañana que te veo te reviento.

El carro solo había cruzado una cuadra y un niño subió vendiendo caramelos- Justo lo que quería, pensé.

- Hey niño, ¿Quieres una pelota?
Sus ojos delataban ternura y alegría.- Si! me lo dijo en voz baja, pero firme.

Desde esa vez cada día que paso por la plaza Francia siempre veo al niño con el que me peleé (que ya no es tan niño pues ahora es más alto que yo) se hace el loco, evita mirarme... yo también.

Al tomar mi carro, la 24, me resigno a esperar la hora y media que me separan del centro de Lima a casa, tengo que estar atenta pues los amigos de lo ajeno están en todos lados. Ya cuando logró sentarme, me duermo de lo aburrido del recorrido.

Cuando siento el carro “saltar” me percato que ya estoy cerca de casa. La pista (bueno si se le puede llamar pista) está llena de baches, eso hace que el carro salte, y con ese aviso me despierto.

Minutos despues llego a mi paradero. Veo las luces prendidas en la sala, imagino que las pitufas estarán haciendo sus tareas porque la verdad no tengo ganas de revisar nada.
Al tocar la puerta, Lupe me abre. Sasy, mi perra, corretea de arriba abajo las escaleras, eso es su típico (y estúpido) saludo.

Bueno, después de un largo día llego a casa… y la verdad que no quiero hacer nada, solo escuchar música o tal vez leer. Pero cuadernos… no por ahora.

martes, 25 de noviembre de 2008

El Viaje Inolvidable

Las 5:00. Mamá desde la cocina me dice que me levante. El carro saldrá a las 8:00 y tengo que estar puntual en el colegio. Pero la verdad no tenía que decirme mucho pues estaba impaciente por el viaje que no dormí nada durante la noche, así que me cambié “volando” hasta que le gané a mamá. El día anterior ella había alistado los equipajes (si mamá también iba porque era la presidenta del comité de aula de mi promoción) así que no demoramos mucho en estar listas.

Llegamos rápido. Ya habían llegado algunos amigos y el Bus que nos llevaría rumbo a Huaraz ya estaba ahí. Poco a poco llegaban los demás y no podíamos disimular nuestros deseos por partir ya. Era nuestro viaje de promoción, una semana de diversión y aventura nos esperaba. Una semana inolvidable, imborrable.

Cuando estuvimos todos listos, el bus estalló en bullicios, unos cantaban, otros jugaban el clásico “constantemente”, “cuando era bebe” y más… otros al cambio planificaban lo que iban hacer al llegar. Al moverse el carro, todos comprendimos que el inicio de nuestro viaje había comenzado. El trayecto la pasamos jugando, riendo, otros peleando, pero todos felices al fin. El comité de aula estaba en los primeros asientos, lo que me dio chance de hacer lo que quería, pues mamá no me vería. Bueno hasta esas horas… todavía no!

Pasábamos por un lugar desolado, cuando vimos una cosa brillar en el cielo.

- Es un platillo volador, grito Andrea. Algunos nos reímos, otros se preguntaban si era verdad y se acercaban a la ventana para comprobar si eran extraterrestres o no. Los colores se movían rápidos y de varios colores.

- Si son ovnis, repetía Andrea. Uno de las mamás escucho la ocurrencia y empezó a reírse comentándoselo a los demás. Así que la hipótesis sobre los ovnis se desvaneció.

A las 7:00 de la noche, llegamos a Huaraz por fin, cuando bajamos sentimos frió, pero eso no helo nuestras energías de corretear, jugar o tal vez ya visitar esos lugares turísticos del cual nos hablaron por meses. Pero como había un comité, y mi mamá estaba allí, nos mandaron de frente a dormir porque no iban a permitir que niños como nosotros correteen por un lugar que recién conocen.

- Todos lo hombres en los dos primeros cuartos y las chicas en otros dos del fondo. Obviamente separados todos por ese pudor que debemos mantener.

Los chicos empezaron a jugar “el ahorcado”, se escuchaban gritos y saltos; y por lo que podíamos escuchar concluimos que se estaban quedando calatos.

Las chicas tampoco se quedaron atrás, el cuarto en donde dormía con Andreita, Gisela, Christina, Esperanza y su mamá comenzábamos la guerra de la almohadas, a pesar que la mamá de Esperanza estaba ahí no nos dijo nada.

Andrea desde su cama me tiró la almohada, yo no la respondí porque me aventaba, pero Gisela si. La enana bajó del camarote para irse a la de Andrea y Esperanza y las tres se tiraban las almohadas, hasta que por un intento de incluirme en el juego me lanzaron otra almohada, esta vez no guante y me baje de mi cama decidida en pegarlas a todas con las almohadas que pudiera coger.

- Ahora si que se fregaron todas, ahora si me las cobro todas. Ellas gritaron y se rieron a la vez, pero cuando estuve a punto de subir el camarote se vino abajo. Yo me quedé en shock un largo tiempo pues el camarote era de fierro y las partes salidas de fierro eran en forma de hoja muy afilada y eso estuvo a punto de cortarme la pierna.

En ese mismo momento los camarotes del cuarto del frente también se vinieron abajo, una enzima de la otra, todo pasó al mismo tiempo.

El comité estaba en reunión en el primer piso y al escuchar la tremenda bulla que hacíamos, el señor Pinedo, secretario y militar retirad, decidió ver que es lo que pasaba en el segundo piso, pero como algo propio de el subió acompañado de una varilla de madera con el objetivo de castigar al que estaba haciendo el escándalo ese.

Todos arriba al escuchar pasos acercarse por las escaleras, todos se movilizaron lo más rápido posible. Todos tenían miedo al señor Pinedo.

- Paz, despierta!! Ayúdanos a arreglar las camas que ahorita viene Pinedo y nos va a castigar ah!

Desperté cuando me dijeron eso. La señora María, mamá de Esperanza, también nos ayudaba a arreglar las cosas. Nos movimos muy rápido y terminamos antes que el señor terminara de subir las escaleras. La señora María apagó rápido la luz y nos mandó a dormir, pero esta vez cambiamos de posiciones, las más gorditas en el camarote sano y las más flacas en el camarote malogrado.
Justo cuando terminábamos de acostarnos, el señor Pinedo tocó nuestra puerta. La señora los recibió.

- Acá no han estado jugando María, los chicos hacen mucha bulla.

- Acá?? Noo!! Las chicas están bien dormidas, no las vez.

- Bueno eso veo, pero si te das cuenta quien está haciendo bulla me dices para llamarles la atención.

Llegué a ver la varilla que tenia en su mano, no era nada amigable y justo para suerte nuestra (pero no tan suerte para los otros) los camarotes que recién habían logrado arreglar en el cuarto del frente se cayeron. El señor Pinedo volteó rápido y golpeó la puerta, ya mis amigos no tenían escapatoria.

- Habrán la puerta en estos momentos. Pero ya!

Ya lo demás es historia, se les castigó con el paseo a una de las tiendas de Caraz, le suplicaron a la profesora para que les disculpara. Al final accedió pero les prohibió hacer más bulla.

Fue por las puras, por más que se nos prohibiera algo nosotras siempre hacíamos de las nuestras, pero ahora solapadamente.
Los demás días fueron grandiosos, visitamos le Campo Santo de Yungay, nos tomamos fotos hasta aburrirnos. La laguna de Llanganuco, paseito en burro, en bote… el nevado Pastoruri, lugar al que todos esperábamos ir con ansias, que al llegar todos bajaron como locos del carro y salieron corriendo hacia el nevado que se nos presentaba ante nuestros ojos. Pero el recorrido duraba poco pues cada 10 metros mirábamos a todos tirados en el suelo producto de la baja presión que había. Las madres del comité y la profesora nos atendían, nos curaban (nos resucitaban) y nosotros otra vez emprendíamos carrera, para que dentro de otros 10 metros más allá volviéramos estar todos tirados en el suelo. Los que llegaron a la cima fueron pocos, créanme. Solo 2 varones y una mujer llegaron a la cima y yo fui esa. Estar arriba es algo único, indescriptible, se siente rico, poderoso… eres tu dominando el mundo… intenten llegar a la cumbre, la pasaran de lo mejor.

Los días pasaron “volando” y llegó la hora de retornar a Lima. Queríamos que durara un poco más, pero todo tiene un final. Todos abordamos el bus, tristes, pero también alegres por todo lo vivido. De regreso unos jugaban otra vez con las clásicas palmadas rápidas, otros contaban chistes,… pero yo estaba palteada por algo que hice (o dije) antes de volver a Lima.

Recuerdo que mientras esperábamos al carro, decidimos jugar por última vez en Huaraz. Lizzet y Jordanna propusieron jugar a la botella borracha. Todos aceptamos… y a decir verdades a esa edad todos ya estábamos enterados de cuales eran las reglas. Pero ese día cometí una estupidez. Cuando me dieron mi orden (créanme que no recuerdo que me ordenaron) dije una gran lisurota a todo pulmón. Ya se podrán imaginar que dije verdad? O no?... no esperarán a que se lo diga o si? Solo les señalo que cada vez que te dicen eso, tienes unas ganas tremendas de romperle la cara a ese quien te lo dijo, porque se metió con la persona que más valoramos…

No lo imaginas aún??…

Vete a la concha tu mare!!

martes, 11 de noviembre de 2008

“Supermana”


Anécdotas?? Uff… Varias. Creo que todos tenemos anécdotas, pero tal vez la diferencia este en que tan buenas fueron. La mayoría de mis historias son de cuando era niña, aunque tenga varias en la actualidad (pues en una vida pasan y pasaran cosas) creo que las que tuvimos durante nuestra infancia son las más bellas. No por nuestras ocurrencias, que de seguro sacaron de quicio a más de uno, sino por nuestra inocencia que formó parte de nosotros, parte de ellas.

Les contaré una de las tantas que tuve, una acerca del día en que me sentí como superman, o mejor dicho, como una supermana. Espero que Clark Kent no se moleste por lo que digo, pero así sucedieron las cosas, y la verdad no tengo otra palabra que lo describa mejor.

Tenia 7 años y todos los domingos acostumbraba ir al parque que estaba a dos cuadras de mi casa en la Molina, mis padres eran socios y no había domingo en que faltara. Pero llegaron los días en que tus viejos dicen que están cansados, que van a descansar o que tienen trabajos que hacer. Excusas que te dan para salir del momento y que a la larga van resquebrajando la confianza y el lazo familiar. Aunque no lo creas, es así como se va desgastando todo…

- Papá ¿vamos al parque?

- No hija, estoy cansado. Juega en casa… si es lo mismo.

- Nooo!! Yo no estoy cansada Paa… Vamos aunque sea un ratito si?

- Ya te dije que no!! No insistas hija por favor, no me porfíes.

- Mamaaá!! Llévame al parque un ratito ya?

- Tengo cosas que hacer… ¿Porque mejor no vas con Raquel?...

Raquel era mi prima y jugábamos en casa cada vez que nos visitaba. Era buena, graciosa, pero un poquito brusca. Había veces en que se rayaba y… me daba miedo.

- Raquel ¿Puedes llevar a Paz al parque? Solo un ratito, porque sino ésta niña fastidiará más tarde.

Me miró como quien dice “que para hacer pues”.- Ya tía, no te preocupes, yo la llevo.

¿Felicidad?... bueno de todas maneras iba al parque, al fin de cuentas me había salido con la mía, así que a aprovechar no más.

Raquel me alistó. Me cambió, me lavó la cara, me peinó…- Te llevo pero te comportas ya?

Asentí con la cabeza. Los pies me picaban por correr. Todos los domingos iba al parque y ese día no dejaría de hacerlo. Aunque el día era caluroso al igual que todos los domingos, algo me decía que esa tarde sería diferente a los demás.
Llegamos a la entrada del parque. El portero que ya nos conocía nos dejó pasar sin problemas.

“Otra vez aquí”- Niños corriendo, unos jugando fútbol, básquet, otros en los columpios, en el sube y baja, en los cuadros… todos con los polos sucios, por que algunos se cayeron o porque sencillamente se tiraron al suelo. Todos tostándonos la piel con el sol imperioso que se alzaba sobre nuestras cabezas.

- Bueno… ya llegamos, ahora si ponte a chivatear. Pero con cuidado ya?- como si una niña como yo le hiciera caso.

- Quiero ir al sube y baja…

- Anda si quieres, pero sabes como subir no? O te ayudo?

- Nooo. Yo solita puedo…- y me fui embalada a uno de mis juegos favoritos. Esa larga resbaladera que teníamos que trepar por la horizontal escalera, para por fin estar en los alto y ver todo desde allí. Esperar nuestro turno para sentarnos y dejarnos caer por unos segundos… segundos de felicidad.

Ya arriba decidí innovar mi llegada a tierra. Como ya saben todos los domingos iba al parque con papá y lo bueno de eso era que… no me vigilaba. El se acostaba en el pasto y se quedaba ahí dormido, mientras yo jugaba y hacia lo que quería. El ni cuenta de lo que hacia porque si me hubiera vigilado por unos minutos, lo más seguro era que nunca me hubiera dejado intentar lo que estaba a punto de hacer, algo que ya sabia a la perfección…

- ¿Paz… que estas haciendo? Te vas a caer!!

No me interesaba lo que decía. Me arrodillé, me acomodé en el poste que servia como soporte del sube y baja, me puse de cabeza abajo y me enrollé en el. Mi prima me gritaba diciéndome que no me dejara resbalar así, que debía bajar por la resbaladera, no por el poste.

- Me agarras ya?- fue lo único que se me ocurrió decirle. Sin más demoras me deje caer… otra vez unos segundos, pero estos fueron diferentes. Mientras caía vi la cara de Raquel que mostraba preocupación y disfruté ver eso.

- Nuca más vuelva hacer eso, me entendiste!! Si te hubieras caído tu mamá me hubiera gritado y yo pagaba pato por tu ocurrencia, te das cuenta?

¿Pato? ¿Qué tenia que ver el pato en todo esto? Nunca entendí, pero se que siempre que uno hace tonterías, el otro paga un pato, al pato, el pato o algo con el pato…

Me llevó a los columpios furiosa, parece que mi ocurrencia no le había gustado… “ya se le pasará”

- Me empujas?- estaba sentada en el columpio esperando a que me impulsara porque aún no aprendía a columpiarme yo sola.
Empezó a columpiarme. Raquel me empujaba con fuerza y hacia que el balanceo durara minutos, pero al final se acababa. Varias veces le pedí columpiarme para seguir con ese vaivén en el aire, sentada en una tabla que enganchada a unas cadenas las convertía en mi asiento. Raquel estaba harta, empujarme a cada instante la estaban cansando. Lo creo así porque al final resolvió empujarme con mucha más fuerza para que el efecto durara más y no estar parándose a cada rato, impulsándome una y otra vez. Al principio me pareció genial, sentía el aire refrescar mi rostro, frescura en el cielo, pero poco a poco iba elevándome más, más y más… hasta que empecé a asustarme… Raquel ya no me impulsaba de buena manera, cada vez me elevaba más... lo hacia con tanta fuerza que el columpio tambaleaba y parecía que se iba a romper.

- Raquel!! Ya no me siguas empujando. Ya nooo!!… ya es suficiente!!

- Que?? Ya es suficiente??…

- Raqueeeel!!......... RAQUEEEEEEEELLL!!!

No aguanté más. El columpio se rompía y yo me solté… Salí volando, volando como superman por el cielo… y gritando. Gritaba de miedo.

Fueron otros segundos más, pero estos no fueron de alegría o de terror, estos fueron de éxtasis absoluto. Yo estaba volando por los cielos, era supermana… hasta que aterricé de cara al suelo.

Cuando llegué a tierra, escuché como todos corrían para verme. Niños, padres de familia, Raquel, el portero y hasta su perro. Todos esperaban que reaccionara. Recuerdo todo porque estuve conciente en todo momento, pero seguía tirada en el suelo porque… porque aún pensaba en lo que había pasado.

Luego de unos minutos me levanté. Sin derramar una sola lágrima me sacudí el polvo y miré a todos como si nada hubiera pasado. Tenia la frente llena de piedritas que se me habían pegado producto del impacto de mi cara con el suelo. Varios niños reían al ver que las piedritas no se me caían aún cuando caminaba… parecía que alguien me las hubiera pegado con UHU.

- Paz!! Estas bien?- era Raquel quien me hablaba, y por el tono de su voz concluí de que se arrepentía de lo que había hecho.

¿Bien? Me sentía súper!! Genial!! Es más quería repetirlo. Fueron segundos de felicidad, de éxtasis… me sentí completamente libre. Para mi fueron los mejores segundos de mi vida, pues yo volé como superman, yo surqué el cielo, yo me di el lujo de hacerlo… tu no!!

miércoles, 22 de octubre de 2008

¿Como Se Inició Nuestras Vidas?

Se que la mayoría de los padres tuvieron un romance previo al matrimonio o convivencia para determinar si el o ella era el hombre o mujer de su vida. Lo más obvio seria que tus padres salieran juntos para conocerse mejor y confirmaran lo que sentían, el juego de coquetearse el uno al otro, que tal vez fue más notorio y dedicado por parte del hombre que es tu padre, que de seguro siguió ese tradicional proceso del gileo para poder conquistar a tu madre y que con el tiempo (y las hormonas) formalizaran la relación y dieran ese paso que tememos todos en nuestra juventud, el de casarse.

Pero… en mi caso no se dio de esa manera. Mis padres son conservadores, fueron criados bajo la dureza de las palabras y del palo de sus progenitores y esa educación influyó notablemente en ellos, tanto que la etapa más importante de sus vidas fue totalmente distinta a los demás mortales.

Papá tenía 15 años cuando mi mamá nació. Si, aunque no lo crean, mi padre ya conocía a mi madre cuando aún estaba en la barriga de mi abuela, así que había confianza como cancha. Tenía 12 cuando me enteré que mi papá era todo un quinceañero cuando mi mamá recién empezaba a dar sus primeras patadas en el vientre de mi abu. Bueno… no era para menos.

Cuando empecé a tener uso de razón notaba que mi padre era más viejito que los demás papás y quería saber porque. De pequeña le preguntaba a mamá, pero ella solo sonreía. “Tu misma te darás cuenta”… Aunque el nombre lo tenga de bruja, adivina no soy? Se lo volvia a preguntar una y otra vez, pero ella no quería darme detalles, solo me daba respuestas cortas que no me eran de gran ayuda, pero yo seguía con la curiosidad, todos queremos saber como fue que tus padres se juntaron para formar una familia y tenerte no creen??

La oportunidad se me presentó cuando papá y yo regresábamos a casa luego de otro día de trabajo. En el carro, se me ocurrió preguntarle como es que se conocieron mamá y él y… la respuesta me desencantó.

- Papá, como es que tú y mamá se conocieron, osea como es que se comprometieron, tú me entiendes no?

Me miró serio, su mirada me decía que lo había tomado por sorpresa, pero de todas formas tenia que responderme, sabe que si no me dicen lo que quiero saber, le insistiré hasta aburrirlo- Para serte sincero nosotros no tuvimos nada de romances, hablamos como dos personas adultas y decidimos estar juntos… nada más.

¿¿¿Queeee??? Acaso había escuchado bien?, mi papá y mamá solo se gustaron porque… hablaron un día y… nada más?- ¿Como es eso? Acaso no fueron novios?

- No. Solo hablamos sobre nosotros pero desde otro punto de vista, ya a nuestra edad enamoraditos, noviecitos y lo demás ya no venían al caso. Además para que sepas, yo no tenía pensado formar una familia, cuando tu abuelito Ricardo y mi hermano mayor Augusto murieron yo quedé a cargo de mamá y tus tíos, eran pequeños todavía; ahora yo era el mayor y tenia que velar por ellos, así que tiempo para formar mi propia familia ya no tenia. Al principio me sentí un poco triste pero ni modo, tenia que ser así…
Me sonaba a esas historias de mártires que tiene que sacrificar sus vidas por el bien de los demás pero tampoco me parecía justo- Y entonces como fue que al final te casaste con mamá…

- Nosotros no estamos casados, convivimos

Tal vez por la expresión de mi cara papá se percató que no entendí que es lo que me quería decir con eso de convivir.

- Me refiero que ella y yo vivimos juntos. No estamos casados pero en la práctica lo parecemos pues.

- Mmm... Ya! Entonces como es que están juntos.

- Ya te dije, hablamos- al ver que le iba a repreguntar decidió decirme que fue lo que tanto hablaron- Yo ya conocía a tu mamá, siempre la veía trabajar, hacia sus cosas pero siempre respetuosa. Fue más que todo por el carácter de ella que me gustó, te digo que me gustó... pero no por eso me enamoré, solo pensé que ella era la clase de madre perfecta que quisiera tener para mis hijas, si es que las tuviera.

- Osea tu estuviste con ella porque era… perfecta?

- Es un decir pues, nadie es perfecto, pero a decir verdades ella es casi perfecta, sino fuera porque es un poco terca.

- ya ya ya, pero como es que se conocieron pues, hasta ahora no me dicen como.

- Fue por medio de tu tía Mabel. Hubo un día en que estuve muy enfermo, deliraba, no podía caminar ni comer, pensé que me iba a morir. Tu tía venia todos los días y me cuidaba, era la única que se ocupaba de mi. Hubo un día de esos en que me puse a pensar sobre mi vida y me di cuenta que estaba solo, sin una familia que vele por mi, nadie. Tu tía y tu mamá eran muy amigas, así que empezó a hablarme de ella, me dijo que era una persona muy trabajadora, emprendedora, respetuosa sin las mañas que la mayoría de chicas tienen. Me dijo que ella seria una muy buena compañera y a la vez buena madre. Me quedé pensando en ella, yo no quería que mi mujer maltrate a mis hijas, que no las cuide, que en vez de educarlas haga lo contrario. Era por eso que no me queria comprometer, no quería estar peleando con la que seria mi mujer. No soporto esa clase de personas, por ese miedo estuve solo hasta que bueno… la conocí.

- Osea mi tía fue la cupido…

- Si lo quieres llamar así, bueno…

- Y como fue ese día en que conversaron. Nervioso??

Sabia que papá no lo iba a admitir, mucha formalidad entre ellos como si todo estuviera planeado, como si fueran dos actores que tienen que hacer lo que dice el guión de una película… frio, pero bueno ahora sabia algo más de ellos.

- No. Ella vino un día junto con tu tía, nos dejó conversar y ese día acordamos todo. Nos sinceramos, dijimos nuestros defectos, nuestras virtudes, nuestras metas, nuestras costumbres, que soportamos que no… todo. Pensé que iba a ser más difícil de lo que pensé, pero tu mamá me sorprendió. Fue muy directa, recuerdo muy claramente que dijo “…yo voy a respetar tus decisiones como tu también tendrás que hacerlo, si hay algo que no nos gusta se dirá en el momento para evitarnos problemas a futuro...” dijo las cosas como son, tu ya conoces como es tu mamá

- Y al decirse todo eso, decidieron estar juntos?

- Si. Nada más, el resto de que sus papás aceptaran y lo demás ya se dio solo porque al fin y al cabo todos me conocían y me aceptaron pues.

Listo. Fue así como mis padres se conocieron, fue así como decidieron estar juntos. Después de tanto insistirles ahora no me sentía feliz, al contrario, me sentía decepcionada, hasta sentí cólera… cólera porque entre mis padres no hubo ese sentimiento que a veces hace sentirte como idiota, que te lleva a hacer cosas locas, que te quita el sueño por pensar en que estará haciendo, si es que todo va bien, si está feliz y… todo eso que te hace sentir el amor. Entre ellos no hubo nada, más parecía un contrato importante en el cual firmaban su compañía para siempre. Me sentí desdichada, por un momento sentía celos por como los padres de mis amigos se conocieron, por sus historias de amor, pero yo… era producto de un contrato o qué?

Desde esa vez dejé de ver las telenovelas… me daban un poco de envidia. No me sentía bien con lo que había descubierto pero en fin, ya sabia la historia y ahora solo tenía que acostumbrarme.

Tengo que reconocer que la única buena diferencia entre las telenovelas y mis padres es que ellos no discuten para nada. A decir verdades solo los he visto discutir (de manera muy leve) dos veces durante mis 19 años de existencia. Eso los hace buenos padres, a pesar de sus tradicionales concepciones del que debo hacer y que no.

Ahora que soy mayor ya no me sorprendería nada de mis padres, los conozco demasiado. Bueno en mi caso, porque Ana recién se enteró de todo y al principio no lo creía, me reía al ver el asombro en su cara, ahora le tocaba a ella.

- No te creo, ¿Como mi papá se va a enamorar de una bebé?…

- Jajájajá… En serio papá tenía 15 cuando mamá aún estaba en la barriguita de la abuela.

- No te creo, como mi papá se va a estar con una bebé.... Noooo

Seguía riéndome. Es que su cara era única- Yo cuando te miento Ana, si quieres pregúntale a ella misma.

- MAMAAAAA!! Es verdad que mi papá tenia 15 años cuando aún no nacías??

Yo estallaba en carcajadas cuando veía que mamá asentía de lo más normal confirmándole a Ana lo que habia dicho.

Ana se fue corriendo a mi cuarto, obviamente estaba palteada por lo que se había enterado. Me miró y con una mueca en su rostro dijo Que daño

domingo, 19 de octubre de 2008

El Día En Que Nací


Creo que todos tenemos la curiosidad de saber como fue el día en que nacimos. Como fue el día en que el mundo nos oyó lloriquear por primera vez, el día en que nuestros padres nos vieron por fin después de 9 largos meses (en algunos casos menos) y sobre todo, como fue ese día en que fuimos cubiertos por primera vez por esos brazos calidos que nos protegerían de todo en adelante, los brazos de nuestra madre.

Es por esa curiosidad que la otra vez le pregunte a mamá.

- ¿Maa… como fue el día en que nací?- Me miró intrigada, debió ser por la extrañes de mi pregunta, pero también noté un brillo en sus ojos que delataban alegría.

- Saca tu cuenta- me respondió con una sonrisa en sus labios.

-Yo no pregunté cuando, sino como fue el día en que nací- Ahora si la agarré, pensé.

- Mmm... Y para qué quieres saber. Estas viva, y viviendo bien como veo.

“Que aguafiestas”- ¿Me vas a decir si o no?, quiero saber. Cada día veo en los carros a madres subir cargando a sus hijos en brazos y te imaginé a ti en esa misma situación… nada más.

- Naciste en el Hospital Guillermo Almenara de La Vitoria, a las 7:30 de la mañana. El día ya lo sabes o también te lo recuerdo.

Parece que la jefa al fin se animaba a hablar, quería saciar esa curiosidad que me carcomía. Como habría sido… empecé a imaginar. ¿Habré llorado como los demás niños lo hacen al nacer?, ¿Me colocaron en los brazos de mamá para que me vea y sonría de felicidad?, ¿Mi papá habría saltado de alegría al saber que todo salió bien? Pero todo quedó en sueños de telenovela cuando escuche a mamá decir…

- Naciste cuando yo aún estaba parada con mis supuestos 5.3 de dilatación. Así parada te di a luz. No me di ni cuenta porque los dolores eran insoportables. – Se tocaba el vientre haciendo muecas de dolor- Todo fue muy rápido. Claro!! De repente como estaba parada saliste con fuerza por el impulso de tu peso.

Quedé atónita. Empecé a imaginar lo que ella me decía. Mi mamá parada y yo naciendo.
¿Yo naciendo así? ¿Que pasó con las camillas, los enfermeros, mi llanto y todo eso?

- ¿Y como es que estoy viva?, si estabas parada debí aterrizar al suelo y… morir porque siendo bebé no creo que sobreviviera, era una recién nacida!!

- Eso se lo tienes que agradecer a la enfermera que se compadeció de mí y se acercó para revisarme, fue justo en ese momento en que te saliste toda disparada y solo le diste unos segundos para que te cogiera de una pierna y evitara que te estrelles contra el suelo, porque si caías…. Obviamente te morías ahí mismo – Miró al suelo como si recordara algo y con la mirada perdida puesta en el suelo sonrió – Las enfermeras te llamaron la niña mantequilla porque eras toda resbalosa… todas cuando venían a verme me decían “¿Y como está la bebé mantequilla?”.
Que palta!! ¿La bebe mantequilla? ¿Que me creían? ¿Bacalao recién salido del mar? Bueno pese a todo, nací y eso me dejó algo que contar.

- Osea me salvé por un pelo.

- ¿Tu que crees? Estas viva y sana.- replica - Claro ahora sí, pero al nacer de esa manera tuviste un problema.

Eso confirmaba que mi aventura no terminaba ahí, y que el día en que nací realmente fue un día muy largo.

- Por la fragilidad de tus huesos hubo un inconveniente. Cuando la enfermera te agarró, tiró de tu pierna derecha con mucha fuerza, y al hacerlo te dislocó.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- En otras palabras… ibas a ser coja.

Plop!! Con letras mayúsculas y grabadas en oro. Encima de que me salvo de morir estrellada en el piso como si fuera cualquier excremento de paloma que cae del cielo, resulta que iba a tener una pata más larga que la otra. Pero… yo tengo mis dos patas del mismo tamaño. Osea todo bien, soy normal.

- ¿Y como es que tengo mis dos piernas del mismo tamaño?, ¿Que hicieron?

- Cuando tu papá y yo nos enteramos de que ibas a ser coja, decidimos ir a la Clínica San Juan de Dios para corregir el defecto a tiempo, pues aún eras un bebé. Teníamos que aprovecharlo, porque si dejábamos el tratamiento para más tarde, nos hubiera resultado más difícil.

Recordé entonces ese aparato del cual mamá me hablaba, era uno como esos canguros en que las mamás nos ponen para cargarnos en su pecho. Podría decirse que eran iguales, pero la diferencia era que el mió fue de metal.

- Estuviste 1 año con ese aparato. Me daba pena verte así, pues veía como sufrías por querer gatear y no podías. Pensé que eso te retardaría el aprender a caminar, pero me equivoqué porque al quitártelo empezaste a chivatear como cabra loca por la casa.

- Osea, a pesar de todo terminó con un final feliz.

- Bueno… sí, solo con algunos sobresaltos, pero nada más.

- ¿Y papá? ¿Dónde estaba papá en toda la historia?

- ¿Él?- tuerce la boca, indicándome que la respuesta seria obvia- Tu papá estaba haciendo lo que siempre hace pues…. trabajando en la oficina.

Además de tener la “suerte” de una llegada original al mundo, mi papá estaba trabajando como siempre lo hace, hasta el día en que nací (es un hincha del trabajo, no hay ni feriados para el). Gracias Pá que tal recibimiento la tuya eh!
Debo suponer que no todos tenemos lindas historias que contar, pero al fin de cuentas hay que ver el lado positivo de las cosas. Respecto a mi historia, la mía fue como dice papá, “pintoresco”, pues no todos nacen como yo lo hice, así que eso me hace única. Tal vez no suspiren de felicidad, pero tal vez si sonrían de la aventura de mi llegada al mundo.