Las 5:00. Mamá desde la cocina me dice que me levante. El carro saldrá a las 8:00 y tengo que estar puntual en el colegio. Pero la verdad no tenía que decirme mucho pues estaba impaciente por el viaje que no dormí nada durante la noche, así que me cambié “volando” hasta que le gané a mamá. El día anterior ella había alistado los equipajes (si mamá también iba porque era la presidenta del comité de aula de mi promoción) así que no demoramos mucho en estar listas.
Llegamos rápido. Ya habían llegado algunos amigos y el Bus que nos llevaría rumbo a Huaraz ya estaba ahí. Poco a poco llegaban los demás y no podíamos disimular nuestros deseos por partir ya. Era nuestro viaje de promoción, una semana de diversión y aventura nos esperaba. Una semana inolvidable, imborrable.
Cuando estuvimos todos listos, el bus estalló en bullicios, unos cantaban, otros jugaban el clásico “constantemente”, “cuando era bebe” y más… otros al cambio planificaban lo que iban hacer al llegar. Al moverse el carro, todos comprendimos que el inicio de nuestro viaje había comenzado. El trayecto la pasamos jugando, riendo, otros peleando, pero todos felices al fin. El comité de aula estaba en los primeros asientos, lo que me dio chance de hacer lo que quería, pues mamá no me vería. Bueno hasta esas horas… todavía no!
Pasábamos por un lugar desolado, cuando vimos una cosa brillar en el cielo.
- Es un platillo volador, grito Andrea. Algunos nos reímos, otros se preguntaban si era verdad y se acercaban a la ventana para comprobar si eran extraterrestres o no. Los colores se movían rápidos y de varios colores.
- Si son ovnis, repetía Andrea. Uno de las mamás escucho la ocurrencia y empezó a reírse comentándoselo a los demás. Así que la hipótesis sobre los ovnis se desvaneció.
A las 7:00 de la noche, llegamos a Huaraz por fin, cuando bajamos sentimos frió, pero eso no helo nuestras energías de corretear, jugar o tal vez ya visitar esos lugares turísticos del cual nos hablaron por meses. Pero como había un comité, y mi mamá estaba allí, nos mandaron de frente a dormir porque no iban a permitir que niños como nosotros correteen por un lugar que recién conocen.
- Todos lo hombres en los dos primeros cuartos y las chicas en otros dos del fondo. Obviamente separados todos por ese pudor que debemos mantener.
Los chicos empezaron a jugar “el ahorcado”, se escuchaban gritos y saltos; y por lo que podíamos escuchar concluimos que se estaban quedando calatos.
Las chicas tampoco se quedaron atrás, el cuarto en donde dormía con Andreita, Gisela, Christina, Esperanza y su mamá comenzábamos la guerra de la almohadas, a pesar que la mamá de Esperanza estaba ahí no nos dijo nada.
Andrea desde su cama me tiró la almohada, yo no la respondí porque me aventaba, pero Gisela si. La enana bajó del camarote para irse a la de Andrea y Esperanza y las tres se tiraban las almohadas, hasta que por un intento de incluirme en el juego me lanzaron otra almohada, esta vez no guante y me baje de mi cama decidida en pegarlas a todas con las almohadas que pudiera coger.
- Ahora si que se fregaron todas, ahora si me las cobro todas. Ellas gritaron y se rieron a la vez, pero cuando estuve a punto de subir el camarote se vino abajo. Yo me quedé en shock un largo tiempo pues el camarote era de fierro y las partes salidas de fierro eran en forma de hoja muy afilada y eso estuvo a punto de cortarme la pierna.
En ese mismo momento los camarotes del cuarto del frente también se vinieron abajo, una enzima de la otra, todo pasó al mismo tiempo.
El comité estaba en reunión en el primer piso y al escuchar la tremenda bulla que hacíamos, el señor Pinedo, secretario y militar retirad, decidió ver que es lo que pasaba en el segundo piso, pero como algo propio de el subió acompañado de una varilla de madera con el objetivo de castigar al que estaba haciendo el escándalo ese.
Todos arriba al escuchar pasos acercarse por las escaleras, todos se movilizaron lo más rápido posible. Todos tenían miedo al señor Pinedo.
- Paz, despierta!! Ayúdanos a arreglar las camas que ahorita viene Pinedo y nos va a castigar ah!
Desperté cuando me dijeron eso. La señora María, mamá de Esperanza, también nos ayudaba a arreglar las cosas. Nos movimos muy rápido y terminamos antes que el señor terminara de subir las escaleras. La señora María apagó rápido la luz y nos mandó a dormir, pero esta vez cambiamos de posiciones, las más gorditas en el camarote sano y las más flacas en el camarote malogrado.
Justo cuando terminábamos de acostarnos, el señor Pinedo tocó nuestra puerta. La señora los recibió.
- Acá no han estado jugando María, los chicos hacen mucha bulla.
- Acá?? Noo!! Las chicas están bien dormidas, no las vez.
- Bueno eso veo, pero si te das cuenta quien está haciendo bulla me dices para llamarles la atención.
Llegué a ver la varilla que tenia en su mano, no era nada amigable y justo para suerte nuestra (pero no tan suerte para los otros) los camarotes que recién habían logrado arreglar en el cuarto del frente se cayeron. El señor Pinedo volteó rápido y golpeó la puerta, ya mis amigos no tenían escapatoria.
- Habrán la puerta en estos momentos. Pero ya!
Ya lo demás es historia, se les castigó con el paseo a una de las tiendas de Caraz, le suplicaron a la profesora para que les disculpara. Al final accedió pero les prohibió hacer más bulla.
Fue por las puras, por más que se nos prohibiera algo nosotras siempre hacíamos de las nuestras, pero ahora solapadamente.
Los demás días fueron grandiosos, visitamos le Campo Santo de Yungay, nos tomamos fotos hasta aburrirnos. La laguna de Llanganuco, paseito en burro, en bote… el nevado Pastoruri, lugar al que todos esperábamos ir con ansias, que al llegar todos bajaron como locos del carro y salieron corriendo hacia el nevado que se nos presentaba ante nuestros ojos. Pero el recorrido duraba poco pues cada 10 metros mirábamos a todos tirados en el suelo producto de la baja presión que había. Las madres del comité y la profesora nos atendían, nos curaban (nos resucitaban) y nosotros otra vez emprendíamos carrera, para que dentro de otros 10 metros más allá volviéramos estar todos tirados en el suelo. Los que llegaron a la cima fueron pocos, créanme. Solo 2 varones y una mujer llegaron a la cima y yo fui esa. Estar arriba es algo único, indescriptible, se siente rico, poderoso… eres tu dominando el mundo… intenten llegar a la cumbre, la pasaran de lo mejor.
Los días pasaron “volando” y llegó la hora de retornar a Lima. Queríamos que durara un poco más, pero todo tiene un final. Todos abordamos el bus, tristes, pero también alegres por todo lo vivido. De regreso unos jugaban otra vez con las clásicas palmadas rápidas, otros contaban chistes,… pero yo estaba palteada por algo que hice (o dije) antes de volver a Lima.
Recuerdo que mientras esperábamos al carro, decidimos jugar por última vez en Huaraz. Lizzet y Jordanna propusieron jugar a la botella borracha. Todos aceptamos… y a decir verdades a esa edad todos ya estábamos enterados de cuales eran las reglas. Pero ese día cometí una estupidez. Cuando me dieron mi orden (créanme que no recuerdo que me ordenaron) dije una gran lisurota a todo pulmón. Ya se podrán imaginar que dije verdad? O no?... no esperarán a que se lo diga o si? Solo les señalo que cada vez que te dicen eso, tienes unas ganas tremendas de romperle la cara a ese quien te lo dijo, porque se metió con la persona que más valoramos…
No lo imaginas aún??…
Vete a la concha tu mare!!
Bueno.. no tengo el afán de que todos visiten mi blog, ni mucho menos ganar la mencion de "mejor blog del año" y ese tipo de cosas. Lo unico que quiero es escribir y compartirlo con ustedes, obvio... Espero que se diviertan con lo que escribo pues la verdad toma tiempo hacerlo, asi que valoren ok. Leanlo y revisenlo cuanto quieran... Solo vean como va la letra!
martes, 25 de noviembre de 2008
martes, 11 de noviembre de 2008
“Supermana”

Anécdotas?? Uff… Varias. Creo que todos tenemos anécdotas, pero tal vez la diferencia este en que tan buenas fueron. La mayoría de mis historias son de cuando era niña, aunque tenga varias en la actualidad (pues en una vida pasan y pasaran cosas) creo que las que tuvimos durante nuestra infancia son las más bellas. No por nuestras ocurrencias, que de seguro sacaron de quicio a más de uno, sino por nuestra inocencia que formó parte de nosotros, parte de ellas.
Les contaré una de las tantas que tuve, una acerca del día en que me sentí como superman, o mejor dicho, como una supermana. Espero que Clark Kent no se moleste por lo que digo, pero así sucedieron las cosas, y la verdad no tengo otra palabra que lo describa mejor.
Tenia 7 años y todos los domingos acostumbraba ir al parque que estaba a dos cuadras de mi casa en la Molina, mis padres eran socios y no había domingo en que faltara. Pero llegaron los días en que tus viejos dicen que están cansados, que van a descansar o que tienen trabajos que hacer. Excusas que te dan para salir del momento y que a la larga van resquebrajando la confianza y el lazo familiar. Aunque no lo creas, es así como se va desgastando todo…
- Papá ¿vamos al parque?
- No hija, estoy cansado. Juega en casa… si es lo mismo.
- Nooo!! Yo no estoy cansada Paa… Vamos aunque sea un ratito si?
- Ya te dije que no!! No insistas hija por favor, no me porfíes.
- Mamaaá!! Llévame al parque un ratito ya?
- Tengo cosas que hacer… ¿Porque mejor no vas con Raquel?...
Raquel era mi prima y jugábamos en casa cada vez que nos visitaba. Era buena, graciosa, pero un poquito brusca. Había veces en que se rayaba y… me daba miedo.
- Raquel ¿Puedes llevar a Paz al parque? Solo un ratito, porque sino ésta niña fastidiará más tarde.
Me miró como quien dice “que para hacer pues”.- Ya tía, no te preocupes, yo la llevo.
¿Felicidad?... bueno de todas maneras iba al parque, al fin de cuentas me había salido con la mía, así que a aprovechar no más.
Raquel me alistó. Me cambió, me lavó la cara, me peinó…- Te llevo pero te comportas ya?
Asentí con la cabeza. Los pies me picaban por correr. Todos los domingos iba al parque y ese día no dejaría de hacerlo. Aunque el día era caluroso al igual que todos los domingos, algo me decía que esa tarde sería diferente a los demás.
Llegamos a la entrada del parque. El portero que ya nos conocía nos dejó pasar sin problemas.
“Otra vez aquí”- Niños corriendo, unos jugando fútbol, básquet, otros en los columpios, en el sube y baja, en los cuadros… todos con los polos sucios, por que algunos se cayeron o porque sencillamente se tiraron al suelo. Todos tostándonos la piel con el sol imperioso que se alzaba sobre nuestras cabezas.
- Bueno… ya llegamos, ahora si ponte a chivatear. Pero con cuidado ya?- como si una niña como yo le hiciera caso.
- Quiero ir al sube y baja…
- Anda si quieres, pero sabes como subir no? O te ayudo?
- Nooo. Yo solita puedo…- y me fui embalada a uno de mis juegos favoritos. Esa larga resbaladera que teníamos que trepar por la horizontal escalera, para por fin estar en los alto y ver todo desde allí. Esperar nuestro turno para sentarnos y dejarnos caer por unos segundos… segundos de felicidad.
Ya arriba decidí innovar mi llegada a tierra. Como ya saben todos los domingos iba al parque con papá y lo bueno de eso era que… no me vigilaba. El se acostaba en el pasto y se quedaba ahí dormido, mientras yo jugaba y hacia lo que quería. El ni cuenta de lo que hacia porque si me hubiera vigilado por unos minutos, lo más seguro era que nunca me hubiera dejado intentar lo que estaba a punto de hacer, algo que ya sabia a la perfección…
- ¿Paz… que estas haciendo? Te vas a caer!!
No me interesaba lo que decía. Me arrodillé, me acomodé en el poste que servia como soporte del sube y baja, me puse de cabeza abajo y me enrollé en el. Mi prima me gritaba diciéndome que no me dejara resbalar así, que debía bajar por la resbaladera, no por el poste.
- Me agarras ya?- fue lo único que se me ocurrió decirle. Sin más demoras me deje caer… otra vez unos segundos, pero estos fueron diferentes. Mientras caía vi la cara de Raquel que mostraba preocupación y disfruté ver eso.
- Nuca más vuelva hacer eso, me entendiste!! Si te hubieras caído tu mamá me hubiera gritado y yo pagaba pato por tu ocurrencia, te das cuenta?
¿Pato? ¿Qué tenia que ver el pato en todo esto? Nunca entendí, pero se que siempre que uno hace tonterías, el otro paga un pato, al pato, el pato o algo con el pato…
Me llevó a los columpios furiosa, parece que mi ocurrencia no le había gustado… “ya se le pasará”
- Me empujas?- estaba sentada en el columpio esperando a que me impulsara porque aún no aprendía a columpiarme yo sola.
Empezó a columpiarme. Raquel me empujaba con fuerza y hacia que el balanceo durara minutos, pero al final se acababa. Varias veces le pedí columpiarme para seguir con ese vaivén en el aire, sentada en una tabla que enganchada a unas cadenas las convertía en mi asiento. Raquel estaba harta, empujarme a cada instante la estaban cansando. Lo creo así porque al final resolvió empujarme con mucha más fuerza para que el efecto durara más y no estar parándose a cada rato, impulsándome una y otra vez. Al principio me pareció genial, sentía el aire refrescar mi rostro, frescura en el cielo, pero poco a poco iba elevándome más, más y más… hasta que empecé a asustarme… Raquel ya no me impulsaba de buena manera, cada vez me elevaba más... lo hacia con tanta fuerza que el columpio tambaleaba y parecía que se iba a romper.
- Raquel!! Ya no me siguas empujando. Ya nooo!!… ya es suficiente!!
- Que?? Ya es suficiente??…
- Raqueeeel!!......... RAQUEEEEEEEELLL!!!
No aguanté más. El columpio se rompía y yo me solté… Salí volando, volando como superman por el cielo… y gritando. Gritaba de miedo.
Fueron otros segundos más, pero estos no fueron de alegría o de terror, estos fueron de éxtasis absoluto. Yo estaba volando por los cielos, era supermana… hasta que aterricé de cara al suelo.
Cuando llegué a tierra, escuché como todos corrían para verme. Niños, padres de familia, Raquel, el portero y hasta su perro. Todos esperaban que reaccionara. Recuerdo todo porque estuve conciente en todo momento, pero seguía tirada en el suelo porque… porque aún pensaba en lo que había pasado.
Luego de unos minutos me levanté. Sin derramar una sola lágrima me sacudí el polvo y miré a todos como si nada hubiera pasado. Tenia la frente llena de piedritas que se me habían pegado producto del impacto de mi cara con el suelo. Varios niños reían al ver que las piedritas no se me caían aún cuando caminaba… parecía que alguien me las hubiera pegado con UHU.
- Paz!! Estas bien?- era Raquel quien me hablaba, y por el tono de su voz concluí de que se arrepentía de lo que había hecho.
¿Bien? Me sentía súper!! Genial!! Es más quería repetirlo. Fueron segundos de felicidad, de éxtasis… me sentí completamente libre. Para mi fueron los mejores segundos de mi vida, pues yo volé como superman, yo surqué el cielo, yo me di el lujo de hacerlo… tu no!!
Les contaré una de las tantas que tuve, una acerca del día en que me sentí como superman, o mejor dicho, como una supermana. Espero que Clark Kent no se moleste por lo que digo, pero así sucedieron las cosas, y la verdad no tengo otra palabra que lo describa mejor.
Tenia 7 años y todos los domingos acostumbraba ir al parque que estaba a dos cuadras de mi casa en la Molina, mis padres eran socios y no había domingo en que faltara. Pero llegaron los días en que tus viejos dicen que están cansados, que van a descansar o que tienen trabajos que hacer. Excusas que te dan para salir del momento y que a la larga van resquebrajando la confianza y el lazo familiar. Aunque no lo creas, es así como se va desgastando todo…
- Papá ¿vamos al parque?
- No hija, estoy cansado. Juega en casa… si es lo mismo.
- Nooo!! Yo no estoy cansada Paa… Vamos aunque sea un ratito si?
- Ya te dije que no!! No insistas hija por favor, no me porfíes.
- Mamaaá!! Llévame al parque un ratito ya?
- Tengo cosas que hacer… ¿Porque mejor no vas con Raquel?...
Raquel era mi prima y jugábamos en casa cada vez que nos visitaba. Era buena, graciosa, pero un poquito brusca. Había veces en que se rayaba y… me daba miedo.
- Raquel ¿Puedes llevar a Paz al parque? Solo un ratito, porque sino ésta niña fastidiará más tarde.
Me miró como quien dice “que para hacer pues”.- Ya tía, no te preocupes, yo la llevo.
¿Felicidad?... bueno de todas maneras iba al parque, al fin de cuentas me había salido con la mía, así que a aprovechar no más.
Raquel me alistó. Me cambió, me lavó la cara, me peinó…- Te llevo pero te comportas ya?
Asentí con la cabeza. Los pies me picaban por correr. Todos los domingos iba al parque y ese día no dejaría de hacerlo. Aunque el día era caluroso al igual que todos los domingos, algo me decía que esa tarde sería diferente a los demás.
Llegamos a la entrada del parque. El portero que ya nos conocía nos dejó pasar sin problemas.
“Otra vez aquí”- Niños corriendo, unos jugando fútbol, básquet, otros en los columpios, en el sube y baja, en los cuadros… todos con los polos sucios, por que algunos se cayeron o porque sencillamente se tiraron al suelo. Todos tostándonos la piel con el sol imperioso que se alzaba sobre nuestras cabezas.
- Bueno… ya llegamos, ahora si ponte a chivatear. Pero con cuidado ya?- como si una niña como yo le hiciera caso.
- Quiero ir al sube y baja…
- Anda si quieres, pero sabes como subir no? O te ayudo?
- Nooo. Yo solita puedo…- y me fui embalada a uno de mis juegos favoritos. Esa larga resbaladera que teníamos que trepar por la horizontal escalera, para por fin estar en los alto y ver todo desde allí. Esperar nuestro turno para sentarnos y dejarnos caer por unos segundos… segundos de felicidad.
Ya arriba decidí innovar mi llegada a tierra. Como ya saben todos los domingos iba al parque con papá y lo bueno de eso era que… no me vigilaba. El se acostaba en el pasto y se quedaba ahí dormido, mientras yo jugaba y hacia lo que quería. El ni cuenta de lo que hacia porque si me hubiera vigilado por unos minutos, lo más seguro era que nunca me hubiera dejado intentar lo que estaba a punto de hacer, algo que ya sabia a la perfección…
- ¿Paz… que estas haciendo? Te vas a caer!!
No me interesaba lo que decía. Me arrodillé, me acomodé en el poste que servia como soporte del sube y baja, me puse de cabeza abajo y me enrollé en el. Mi prima me gritaba diciéndome que no me dejara resbalar así, que debía bajar por la resbaladera, no por el poste.
- Me agarras ya?- fue lo único que se me ocurrió decirle. Sin más demoras me deje caer… otra vez unos segundos, pero estos fueron diferentes. Mientras caía vi la cara de Raquel que mostraba preocupación y disfruté ver eso.
- Nuca más vuelva hacer eso, me entendiste!! Si te hubieras caído tu mamá me hubiera gritado y yo pagaba pato por tu ocurrencia, te das cuenta?
¿Pato? ¿Qué tenia que ver el pato en todo esto? Nunca entendí, pero se que siempre que uno hace tonterías, el otro paga un pato, al pato, el pato o algo con el pato…
Me llevó a los columpios furiosa, parece que mi ocurrencia no le había gustado… “ya se le pasará”
- Me empujas?- estaba sentada en el columpio esperando a que me impulsara porque aún no aprendía a columpiarme yo sola.
Empezó a columpiarme. Raquel me empujaba con fuerza y hacia que el balanceo durara minutos, pero al final se acababa. Varias veces le pedí columpiarme para seguir con ese vaivén en el aire, sentada en una tabla que enganchada a unas cadenas las convertía en mi asiento. Raquel estaba harta, empujarme a cada instante la estaban cansando. Lo creo así porque al final resolvió empujarme con mucha más fuerza para que el efecto durara más y no estar parándose a cada rato, impulsándome una y otra vez. Al principio me pareció genial, sentía el aire refrescar mi rostro, frescura en el cielo, pero poco a poco iba elevándome más, más y más… hasta que empecé a asustarme… Raquel ya no me impulsaba de buena manera, cada vez me elevaba más... lo hacia con tanta fuerza que el columpio tambaleaba y parecía que se iba a romper.
- Raquel!! Ya no me siguas empujando. Ya nooo!!… ya es suficiente!!
- Que?? Ya es suficiente??…
- Raqueeeel!!......... RAQUEEEEEEEELLL!!!
No aguanté más. El columpio se rompía y yo me solté… Salí volando, volando como superman por el cielo… y gritando. Gritaba de miedo.
Fueron otros segundos más, pero estos no fueron de alegría o de terror, estos fueron de éxtasis absoluto. Yo estaba volando por los cielos, era supermana… hasta que aterricé de cara al suelo.
Cuando llegué a tierra, escuché como todos corrían para verme. Niños, padres de familia, Raquel, el portero y hasta su perro. Todos esperaban que reaccionara. Recuerdo todo porque estuve conciente en todo momento, pero seguía tirada en el suelo porque… porque aún pensaba en lo que había pasado.
Luego de unos minutos me levanté. Sin derramar una sola lágrima me sacudí el polvo y miré a todos como si nada hubiera pasado. Tenia la frente llena de piedritas que se me habían pegado producto del impacto de mi cara con el suelo. Varios niños reían al ver que las piedritas no se me caían aún cuando caminaba… parecía que alguien me las hubiera pegado con UHU.
- Paz!! Estas bien?- era Raquel quien me hablaba, y por el tono de su voz concluí de que se arrepentía de lo que había hecho.
¿Bien? Me sentía súper!! Genial!! Es más quería repetirlo. Fueron segundos de felicidad, de éxtasis… me sentí completamente libre. Para mi fueron los mejores segundos de mi vida, pues yo volé como superman, yo surqué el cielo, yo me di el lujo de hacerlo… tu no!!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)