domingo, 19 de octubre de 2008

El Día En Que Nací


Creo que todos tenemos la curiosidad de saber como fue el día en que nacimos. Como fue el día en que el mundo nos oyó lloriquear por primera vez, el día en que nuestros padres nos vieron por fin después de 9 largos meses (en algunos casos menos) y sobre todo, como fue ese día en que fuimos cubiertos por primera vez por esos brazos calidos que nos protegerían de todo en adelante, los brazos de nuestra madre.

Es por esa curiosidad que la otra vez le pregunte a mamá.

- ¿Maa… como fue el día en que nací?- Me miró intrigada, debió ser por la extrañes de mi pregunta, pero también noté un brillo en sus ojos que delataban alegría.

- Saca tu cuenta- me respondió con una sonrisa en sus labios.

-Yo no pregunté cuando, sino como fue el día en que nací- Ahora si la agarré, pensé.

- Mmm... Y para qué quieres saber. Estas viva, y viviendo bien como veo.

“Que aguafiestas”- ¿Me vas a decir si o no?, quiero saber. Cada día veo en los carros a madres subir cargando a sus hijos en brazos y te imaginé a ti en esa misma situación… nada más.

- Naciste en el Hospital Guillermo Almenara de La Vitoria, a las 7:30 de la mañana. El día ya lo sabes o también te lo recuerdo.

Parece que la jefa al fin se animaba a hablar, quería saciar esa curiosidad que me carcomía. Como habría sido… empecé a imaginar. ¿Habré llorado como los demás niños lo hacen al nacer?, ¿Me colocaron en los brazos de mamá para que me vea y sonría de felicidad?, ¿Mi papá habría saltado de alegría al saber que todo salió bien? Pero todo quedó en sueños de telenovela cuando escuche a mamá decir…

- Naciste cuando yo aún estaba parada con mis supuestos 5.3 de dilatación. Así parada te di a luz. No me di ni cuenta porque los dolores eran insoportables. – Se tocaba el vientre haciendo muecas de dolor- Todo fue muy rápido. Claro!! De repente como estaba parada saliste con fuerza por el impulso de tu peso.

Quedé atónita. Empecé a imaginar lo que ella me decía. Mi mamá parada y yo naciendo.
¿Yo naciendo así? ¿Que pasó con las camillas, los enfermeros, mi llanto y todo eso?

- ¿Y como es que estoy viva?, si estabas parada debí aterrizar al suelo y… morir porque siendo bebé no creo que sobreviviera, era una recién nacida!!

- Eso se lo tienes que agradecer a la enfermera que se compadeció de mí y se acercó para revisarme, fue justo en ese momento en que te saliste toda disparada y solo le diste unos segundos para que te cogiera de una pierna y evitara que te estrelles contra el suelo, porque si caías…. Obviamente te morías ahí mismo – Miró al suelo como si recordara algo y con la mirada perdida puesta en el suelo sonrió – Las enfermeras te llamaron la niña mantequilla porque eras toda resbalosa… todas cuando venían a verme me decían “¿Y como está la bebé mantequilla?”.
Que palta!! ¿La bebe mantequilla? ¿Que me creían? ¿Bacalao recién salido del mar? Bueno pese a todo, nací y eso me dejó algo que contar.

- Osea me salvé por un pelo.

- ¿Tu que crees? Estas viva y sana.- replica - Claro ahora sí, pero al nacer de esa manera tuviste un problema.

Eso confirmaba que mi aventura no terminaba ahí, y que el día en que nací realmente fue un día muy largo.

- Por la fragilidad de tus huesos hubo un inconveniente. Cuando la enfermera te agarró, tiró de tu pierna derecha con mucha fuerza, y al hacerlo te dislocó.

- ¿Qué quieres decir con eso?

- En otras palabras… ibas a ser coja.

Plop!! Con letras mayúsculas y grabadas en oro. Encima de que me salvo de morir estrellada en el piso como si fuera cualquier excremento de paloma que cae del cielo, resulta que iba a tener una pata más larga que la otra. Pero… yo tengo mis dos patas del mismo tamaño. Osea todo bien, soy normal.

- ¿Y como es que tengo mis dos piernas del mismo tamaño?, ¿Que hicieron?

- Cuando tu papá y yo nos enteramos de que ibas a ser coja, decidimos ir a la Clínica San Juan de Dios para corregir el defecto a tiempo, pues aún eras un bebé. Teníamos que aprovecharlo, porque si dejábamos el tratamiento para más tarde, nos hubiera resultado más difícil.

Recordé entonces ese aparato del cual mamá me hablaba, era uno como esos canguros en que las mamás nos ponen para cargarnos en su pecho. Podría decirse que eran iguales, pero la diferencia era que el mió fue de metal.

- Estuviste 1 año con ese aparato. Me daba pena verte así, pues veía como sufrías por querer gatear y no podías. Pensé que eso te retardaría el aprender a caminar, pero me equivoqué porque al quitártelo empezaste a chivatear como cabra loca por la casa.

- Osea, a pesar de todo terminó con un final feliz.

- Bueno… sí, solo con algunos sobresaltos, pero nada más.

- ¿Y papá? ¿Dónde estaba papá en toda la historia?

- ¿Él?- tuerce la boca, indicándome que la respuesta seria obvia- Tu papá estaba haciendo lo que siempre hace pues…. trabajando en la oficina.

Además de tener la “suerte” de una llegada original al mundo, mi papá estaba trabajando como siempre lo hace, hasta el día en que nací (es un hincha del trabajo, no hay ni feriados para el). Gracias Pá que tal recibimiento la tuya eh!
Debo suponer que no todos tenemos lindas historias que contar, pero al fin de cuentas hay que ver el lado positivo de las cosas. Respecto a mi historia, la mía fue como dice papá, “pintoresco”, pues no todos nacen como yo lo hice, así que eso me hace única. Tal vez no suspiren de felicidad, pero tal vez si sonrían de la aventura de mi llegada al mundo.

1 comentario:

Ginno dijo...

que wena!!!
me he vacilado...lo max tu mamá

hablaos chica mantequilla! xD