martes, 25 de noviembre de 2008

El Viaje Inolvidable

Las 5:00. Mamá desde la cocina me dice que me levante. El carro saldrá a las 8:00 y tengo que estar puntual en el colegio. Pero la verdad no tenía que decirme mucho pues estaba impaciente por el viaje que no dormí nada durante la noche, así que me cambié “volando” hasta que le gané a mamá. El día anterior ella había alistado los equipajes (si mamá también iba porque era la presidenta del comité de aula de mi promoción) así que no demoramos mucho en estar listas.

Llegamos rápido. Ya habían llegado algunos amigos y el Bus que nos llevaría rumbo a Huaraz ya estaba ahí. Poco a poco llegaban los demás y no podíamos disimular nuestros deseos por partir ya. Era nuestro viaje de promoción, una semana de diversión y aventura nos esperaba. Una semana inolvidable, imborrable.

Cuando estuvimos todos listos, el bus estalló en bullicios, unos cantaban, otros jugaban el clásico “constantemente”, “cuando era bebe” y más… otros al cambio planificaban lo que iban hacer al llegar. Al moverse el carro, todos comprendimos que el inicio de nuestro viaje había comenzado. El trayecto la pasamos jugando, riendo, otros peleando, pero todos felices al fin. El comité de aula estaba en los primeros asientos, lo que me dio chance de hacer lo que quería, pues mamá no me vería. Bueno hasta esas horas… todavía no!

Pasábamos por un lugar desolado, cuando vimos una cosa brillar en el cielo.

- Es un platillo volador, grito Andrea. Algunos nos reímos, otros se preguntaban si era verdad y se acercaban a la ventana para comprobar si eran extraterrestres o no. Los colores se movían rápidos y de varios colores.

- Si son ovnis, repetía Andrea. Uno de las mamás escucho la ocurrencia y empezó a reírse comentándoselo a los demás. Así que la hipótesis sobre los ovnis se desvaneció.

A las 7:00 de la noche, llegamos a Huaraz por fin, cuando bajamos sentimos frió, pero eso no helo nuestras energías de corretear, jugar o tal vez ya visitar esos lugares turísticos del cual nos hablaron por meses. Pero como había un comité, y mi mamá estaba allí, nos mandaron de frente a dormir porque no iban a permitir que niños como nosotros correteen por un lugar que recién conocen.

- Todos lo hombres en los dos primeros cuartos y las chicas en otros dos del fondo. Obviamente separados todos por ese pudor que debemos mantener.

Los chicos empezaron a jugar “el ahorcado”, se escuchaban gritos y saltos; y por lo que podíamos escuchar concluimos que se estaban quedando calatos.

Las chicas tampoco se quedaron atrás, el cuarto en donde dormía con Andreita, Gisela, Christina, Esperanza y su mamá comenzábamos la guerra de la almohadas, a pesar que la mamá de Esperanza estaba ahí no nos dijo nada.

Andrea desde su cama me tiró la almohada, yo no la respondí porque me aventaba, pero Gisela si. La enana bajó del camarote para irse a la de Andrea y Esperanza y las tres se tiraban las almohadas, hasta que por un intento de incluirme en el juego me lanzaron otra almohada, esta vez no guante y me baje de mi cama decidida en pegarlas a todas con las almohadas que pudiera coger.

- Ahora si que se fregaron todas, ahora si me las cobro todas. Ellas gritaron y se rieron a la vez, pero cuando estuve a punto de subir el camarote se vino abajo. Yo me quedé en shock un largo tiempo pues el camarote era de fierro y las partes salidas de fierro eran en forma de hoja muy afilada y eso estuvo a punto de cortarme la pierna.

En ese mismo momento los camarotes del cuarto del frente también se vinieron abajo, una enzima de la otra, todo pasó al mismo tiempo.

El comité estaba en reunión en el primer piso y al escuchar la tremenda bulla que hacíamos, el señor Pinedo, secretario y militar retirad, decidió ver que es lo que pasaba en el segundo piso, pero como algo propio de el subió acompañado de una varilla de madera con el objetivo de castigar al que estaba haciendo el escándalo ese.

Todos arriba al escuchar pasos acercarse por las escaleras, todos se movilizaron lo más rápido posible. Todos tenían miedo al señor Pinedo.

- Paz, despierta!! Ayúdanos a arreglar las camas que ahorita viene Pinedo y nos va a castigar ah!

Desperté cuando me dijeron eso. La señora María, mamá de Esperanza, también nos ayudaba a arreglar las cosas. Nos movimos muy rápido y terminamos antes que el señor terminara de subir las escaleras. La señora María apagó rápido la luz y nos mandó a dormir, pero esta vez cambiamos de posiciones, las más gorditas en el camarote sano y las más flacas en el camarote malogrado.
Justo cuando terminábamos de acostarnos, el señor Pinedo tocó nuestra puerta. La señora los recibió.

- Acá no han estado jugando María, los chicos hacen mucha bulla.

- Acá?? Noo!! Las chicas están bien dormidas, no las vez.

- Bueno eso veo, pero si te das cuenta quien está haciendo bulla me dices para llamarles la atención.

Llegué a ver la varilla que tenia en su mano, no era nada amigable y justo para suerte nuestra (pero no tan suerte para los otros) los camarotes que recién habían logrado arreglar en el cuarto del frente se cayeron. El señor Pinedo volteó rápido y golpeó la puerta, ya mis amigos no tenían escapatoria.

- Habrán la puerta en estos momentos. Pero ya!

Ya lo demás es historia, se les castigó con el paseo a una de las tiendas de Caraz, le suplicaron a la profesora para que les disculpara. Al final accedió pero les prohibió hacer más bulla.

Fue por las puras, por más que se nos prohibiera algo nosotras siempre hacíamos de las nuestras, pero ahora solapadamente.
Los demás días fueron grandiosos, visitamos le Campo Santo de Yungay, nos tomamos fotos hasta aburrirnos. La laguna de Llanganuco, paseito en burro, en bote… el nevado Pastoruri, lugar al que todos esperábamos ir con ansias, que al llegar todos bajaron como locos del carro y salieron corriendo hacia el nevado que se nos presentaba ante nuestros ojos. Pero el recorrido duraba poco pues cada 10 metros mirábamos a todos tirados en el suelo producto de la baja presión que había. Las madres del comité y la profesora nos atendían, nos curaban (nos resucitaban) y nosotros otra vez emprendíamos carrera, para que dentro de otros 10 metros más allá volviéramos estar todos tirados en el suelo. Los que llegaron a la cima fueron pocos, créanme. Solo 2 varones y una mujer llegaron a la cima y yo fui esa. Estar arriba es algo único, indescriptible, se siente rico, poderoso… eres tu dominando el mundo… intenten llegar a la cumbre, la pasaran de lo mejor.

Los días pasaron “volando” y llegó la hora de retornar a Lima. Queríamos que durara un poco más, pero todo tiene un final. Todos abordamos el bus, tristes, pero también alegres por todo lo vivido. De regreso unos jugaban otra vez con las clásicas palmadas rápidas, otros contaban chistes,… pero yo estaba palteada por algo que hice (o dije) antes de volver a Lima.

Recuerdo que mientras esperábamos al carro, decidimos jugar por última vez en Huaraz. Lizzet y Jordanna propusieron jugar a la botella borracha. Todos aceptamos… y a decir verdades a esa edad todos ya estábamos enterados de cuales eran las reglas. Pero ese día cometí una estupidez. Cuando me dieron mi orden (créanme que no recuerdo que me ordenaron) dije una gran lisurota a todo pulmón. Ya se podrán imaginar que dije verdad? O no?... no esperarán a que se lo diga o si? Solo les señalo que cada vez que te dicen eso, tienes unas ganas tremendas de romperle la cara a ese quien te lo dijo, porque se metió con la persona que más valoramos…

No lo imaginas aún??…

Vete a la concha tu mare!!

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