viernes, 19 de diciembre de 2008

De Regreso A… Casa??

Después de largas horas dentro de las jaulas de la escuela, mejor no la llamo así que más suena a colegito de niños de primaria. Quiero decir que después de estar metida por horas en “Bau” llegó la hora que por fin dan por terminada las clases.

Elvia, Diana y yo solemos dirigirnos al paradero donde tomaremos nuestros respectivos buses. Yo rumbo a… casa? No!... rumbo a casa no voy así de rápido. Llego a casa desde luego, pero hora exacta de llegada no tengo. Suelo aparecerme a las 10 de la noche, pero no se alarmen que llego junto a mis padres, pues la mayoría de las tardes voy al trabajo de papi que está en el centro de Lima, para echarle una mano o porque tengo cosas que hacer.

Pero la mayoria de las veces busco cualquier excusa para quedarme allá pues como ya expliqué, en mi casa no quiero estar. Abancay, Camaná, Azángaro, Quilca, Jirón, Grau, Amazonas y todos los lugares que tiene que ver con libros. Ese es mi mundo y lo es desde que tengo uso de razón.

Al tomar el carro que me lleva rumbo a Abancay, me coloco los audífonos con el afán de aminorar el sonido del claxon de los carros y buses que transitan en la capital. Pero hay algo que no puedo evitar…

- Amigo padre, madre de familia, jóvenes estudiantes, hoy….

Por más que mis oídos escuchen la música que para mi es una delicia (y que para otros es irritante), mis ojos miran al niño, al adolescente, al joven, al adulto, al anciano indigente pedir una colaboración para llevar un plato de comida a su hogar.

¿Será cierto lo que me dice? Hay personas que en verdad no tienen un trabajo y que lo hacen por su familia, pero hay otros que solo sacan provecho de la sensibilidad del pasajero para saciar sus deseos envueltos en la droga, alcohol y mujeres.

- …pasaré por sus respectivos asientos esperando su gentil colaboración….

Este me convenció. Siempre es bueno tener unos sencillos en los bolsillos para, como una vez escuché... mantener a la calle, pues es seguro que subirán otros más durante el trayecto. Al pasar por mi lado dejo caer unas monedas en el bolso que me extiende. No es grande pero poco a poco se va llenando el saquito… o en este caso, el bolsillo.

A las 2pm llego a Abancay. Los pirañas se dejan ver a cualquier hora del día, siempre están al asecho esperando robar a algún inocente (idiota para mi pues... si está caminando por Abancay!!... por favor!!). Los ambulantes invaden todas las veredas, la multitud de personas que se dirigen rumbo a la Galería Central es exorbitante y los semáforos malogrados causan el típico caos vehicular que lleva a los peatones a “sortear” los carros para poder trasladarse de un canto a otro.

Ese es el ambiente caótico de Lima, el de todos los días…

Acostumbro llegar a las 2pm al local de papá que está ubicada en el jirón Azángaro. La tienda tiene el apellido de papá pero el nunca para allí, es mamá quien administra el local cuidando las ganancias del día, pues mi padre esta enfocado en otras cosas.


- Buenas tardes Maa!! ¿Hay venta?

Es la pregunta que siempre hago al llegar, con eso quiero decir que el negocio me interesa, ¿Que me interesa? Que no me va a interesar si desde mis 7 años trabajo ahí.

- Nada… Hoy el día está muerto.

La respuesta depende de la época en la que estamos, nuestra temporada es la campaña, desde Enero a Junio? Julio?.. Por ahí, después el resto del año es la época de las vacas flacas. Osea nada

- Bueno, bueno… yo tengo muuuucha hambre - y poniendo la cara de niña buena y abnegada le pregunto: me das plata para mi menú?.- le extiendo mi mano a la espera de recibir las monedas que lograrán acabar con mi hambre.

Mamá abre la caja y suspira. – Plata, plata, plata… eso no más saben pedir.

Rumbo al restaurante veo todas las calles en ¿mantenimiento? En otras palabras, pistas rotas, veredas llenas de materiales de construcción, redes naranjas que cercan el perímetro de la obra en ejecución, los tractores y demás equipos que nos destrozan los tímpanos cada vez que rompen una pista.

“Cuando será el día en que terminen con esto. En todos lados obras por aquí, obras por allá…. Ojala que funcione pues”

Hoy decido almorzar la comida cotidiana. Mi menú consiste en una rica huancaína y en un delicioso ají de gallina. Recién empezaba a saborear mi comida cuando mi celular suena. Era el timbre Psicosis que le asigné a mamá.

- Si mamá que pasa. Estoy comiendo…

- Rojas acaba de llamar y me ha hecho pedido, ya sabes que libros pide. Yo no los tengo a la mano, así que vas a corretear para recolectar. Apúrate para que despues no me digas que no tienes tiempo ya?

Cuando mis padres me dieron mi celular me sentí... chévere.- Al fin mi celular!! Ya no soy bicho raro- Pero el tener tu cell tiene sus pros y contras, claro ahora podrás mensajearte con tus patas y decirles lo que quieras hasta en las madrugadas. Las conversaciones serán más privadas, pero… por otro lado no te puedes fugar así de repente. Si te demoras, lo más seguro es que mamá o papá empiecen el clásico interrogatorio “¿Donde estas?¿Por qué demoras? ¿Qué estás haciendo?” O sencillamente, como si fuera cierto eso de que las madres tienen un sexto sentido, justo te llaman cuando estas en...(jum jum... next!!), y te malograron todo pues.

- Aaaaaasu, Ahorita? Mmm ya pues será. Termino rápido y voy para allá, OK?

“Plop!! Ni comer tranquila puedo ahora”

Luego de un ají sin gallina y arroz semicrudo, me dirijo a la oficina rápidamente. A penas llego y mi madre me da la lista y el dinero con el que costearé los libros que faltan. Me paseo por los tradicionales huecos de compra y después de una hora regreso con todos los libros que me encargó.

- Ahora si me voy, tengo un montón de tareas, así que me retacho pa la casa.

Mamá me deja ir no sin antes recitarme todo lo que tengo que hacer al llegar a casa. “Revisa el cuaderno de tus hermanas, seguro tienen examen mañana. Estudien, les das su lonche para que se vallan a la cama temprano, que no vean televisión,...”

- Yaaaaaaaaa

Para abordar la combi que me lleva a casa tengo que “bajar” a Wilson. El tramo me lleva unos 10 minutos para llegar al paradero. Durante mi trayecto veo a unos niños jugar fútbol en la plaza Francia. Son los niños de Remar. Diviso y reconosco a uno de ellos...

- Uyy ese enano me odia-

cuatro años atrás cuando pasaba con mamá por esa misma plaza, el y unos niños más jugaban fútbol. Nosotras caminábamos tranquilas, pero la desfachatez de este enano por hacerse el bacancito pateó la pelota en dirección nuestra, tal vez si me caía le gritaba y ahí quedaba todo, pero la lanzó a mi mamá.

- Señora, disculpe- Lo decía riéndose.

La palabra aquí seria que me llegó lo que el mocoso hizo, le pude haber pegado pero decidí hacer otra cosa más interesante. Corrí hacia la pelota y la cogí.

El se dio cuenta y trató de quitármela, aunque la diferencia de nuestras edades no era mayor a los tres años, me pidió la pelota de una forma no muy educada que digamos. Por más callejero que sea uno, a mi no me asustan… yo también paro en la calle y se como es esa cuestión.

- No te entregaré la pelota hasta que te disculpes a buenas maneras con mi mamá, y te puedo asegurar que si no lo haces, esta misma pelota se la regalare al primer niño que se me cruce en el camino.

- No me creía, pensaba que solo lo hacia para intimidarlo.

- Voy a llamar a mi mamá si no me la das.

- Llámala si quieres, crees que no conozco a tu mamá, crees que así me vas a dar miedo, llámala para ver quien sale perdiendo acá.

- Oo!! Ya pes chibola dame la pelota.

- Ya te dije lo que tienes que hacer, si la quieres hazlo

- No quiero pues. Y agarró unas botellas de plástico que estaban en el suelo con las que amenazaba tirármelas.

- Muy bien, tú decidiste… Mamá!! Vámonos no más. Este mocoso ya perdió!!

El niño me siguió hasta mi paradero con las botellas en la mano, exigiéndome que le devuelva la pelota. Yo no le hice caso y justo vi a nuestro carro acercarse. Mamá lo paró, me decía que le entregara la pelota, pero yo en mis trece no quería. Cuando estaba apunto de subir a la 42 decidí dársela, pero al voltear me lanzó las botellas. Con las justas alcancé esquivarlas.

- Ya te jodiste niño malcriado, olvídate de tu pelota, y cuídate que mañana que te veo te reviento.

El carro solo había cruzado una cuadra y un niño subió vendiendo caramelos- Justo lo que quería, pensé.

- Hey niño, ¿Quieres una pelota?
Sus ojos delataban ternura y alegría.- Si! me lo dijo en voz baja, pero firme.

Desde esa vez cada día que paso por la plaza Francia siempre veo al niño con el que me peleé (que ya no es tan niño pues ahora es más alto que yo) se hace el loco, evita mirarme... yo también.

Al tomar mi carro, la 24, me resigno a esperar la hora y media que me separan del centro de Lima a casa, tengo que estar atenta pues los amigos de lo ajeno están en todos lados. Ya cuando logró sentarme, me duermo de lo aburrido del recorrido.

Cuando siento el carro “saltar” me percato que ya estoy cerca de casa. La pista (bueno si se le puede llamar pista) está llena de baches, eso hace que el carro salte, y con ese aviso me despierto.

Minutos despues llego a mi paradero. Veo las luces prendidas en la sala, imagino que las pitufas estarán haciendo sus tareas porque la verdad no tengo ganas de revisar nada.
Al tocar la puerta, Lupe me abre. Sasy, mi perra, corretea de arriba abajo las escaleras, eso es su típico (y estúpido) saludo.

Bueno, después de un largo día llego a casa… y la verdad que no quiero hacer nada, solo escuchar música o tal vez leer. Pero cuadernos… no por ahora.

1 comentario:

Ginno dijo...

cada vez me diviertes mas xD