Una vez vi a un joven recurseándose como payaso en las calles, estaba sentado en la acera. Lo vi triste, cabizbajo y pensativo, era obvio que estaba preocupado “…En que pensaría, problemas?...” Bueno, todos los tenemos, pero lo curioso es que por más problemas que él tuviera, su trabajo es hacerte reír; pero a él… quien lo hace sonreír? Nadie… Confieso que a veces me sentía como una payasa, aunque tuviera algunos problemas (como todos) me gustaba hacer reír a mis amigos y no por creerme la graciosa, si no porque quería que todos estén bien, que todos sonriamos, que todos estuviéramos felices… aunque sea por unos momentos.
No es por echarme flores, pero desde pequeña tuve la fuerza para seguir adelante, de no darme por vencida fácilmente y de seguir mi camino por más obstáculos que viera en el. Llorar?? No!!, pensaba que si alguien me miraba derramar lagrimas, era como lloriquear como los nenitos y en ese caso mostraría que era débil y eso… ni de vainas. Recuerdo que por más que las películas me llegaban al corazón, por más caídas que tenía o por más golpes que recibía me aguantaba las lágrimas, me hacia la machín pes.
Pero hubo un día en que toda esa fortaleza y coraje no me fue suficiente.
Mayo del 2003, obviamente, el día de la madre estaba cerca y para mi suerte los trabajos que hacia para los vagos de la escuela me habían dado un sencillo, fue con eso que compré el regalo para mamá, sus clásicas cremas de mano, que de tanto usarlas las había terminado, así que mi regalo era el preciso.
Miércoles 5, faltaban cuatro días para esa fecha maternal y yo ya tenía el regalo; para ese mismo día el colegio había organizado un paseo a Chosica (la clásica), mamá y papá se apiadaron de mí y me dejaron ir (es que siempre les echaba una mano en la oficina y una salidita era lo mínimo pues).
Según el comunicado partíamos a las 9:30 de la mañana, pero como de costumbre el bus llegó tarde, caballero nomás cholito, en perulandia es así. Después de todo llegamos al club, era inmenso, había una enorme piscina, canchas de tenis, voley, fútbol y encima unos cerritos para trepar. Me sentía libre (es que ami no estaba pues), jugué tenis, nadé en la piscina y correteé los cerritos cantando con mis amigos las canciones que estaban de moda gracias a la radio que uno de ellos había llevado, todo estaba tan bien hasta que de un momento a otro mi cabeza parecía estallar, el dolor fue repentino e insoportable, nunca había sentido tanto dolor, y lo extraño de todo es que no entendía porqué. Mis amigos decidieron que mejor regresara al bus a descansar, pero apenas llegué el dolor desapareció, aún sentía algunos mareos pero ya no ese dolor que me taladraba el cerebro… ¿Qué había pasado? No lo sabría hasta caer la noche.
Papá llegó más tarde que de costumbre, era casi las 11 de la noche y por un momento pensé que era por el trabajo, pero su rostro no mostraba la clásica expresión de renegita, esta vez mostraba el ceño fruncido y sus ojos delataban preocupación, realmente estaba cansado y confirme que algo andaba mal cuando no vi a mi madre llegar con el.
- Paa… y mamá? Porque no ha llegado contigo?
- Ah tenido una reunión en el local. Vendrá más tarde pues… oye, mañana no tienes que levantarte temprano para que vayas al colegio? ya duérmete de una vez.
- Pero a que hora va a venir mamá?
- Ya te he dicho que más tarde, y ahora acuéstate.
- Bueno… vendrá tarde entonces. Buenas noches papá…
Era la 1 de la madrugada y mamá no llegaba aún. “Maldita sea, porque no llega si ya es tarde… y porqué papá no sabe nada”, y pensando en ella me dormí…
La Cuti (la seño que trabajaba en nuestra casa) se levantó temprano como todos los días a prepararnos el desayuno, hoy no desperté por los clasicos gritos matutinos de mamá
“Oye ya?... Levántese… ya es tarde… a que hora piensas salir de la cama?... Cuidadito que después me digas que llegaste tarde ah y...” esta vez me levanté por la voz suave de Cuti...
- Chicas, ya levántense… el desayuno ya está listo, alístense para que lleguen temprano al colegio.
- ¿Mi mamá aún no ha llegado?
- No todavía, pero para que no se moleste tu mamá pues levántense rapidito.
Ana se había levantado, sus ojos recorrían la sala y era obvio que se preguntaba lo mismo que yo - Paz?? Donde está mamá?-
- Ehhhhhh… salió temprano, tenia que alistar un pedido…
Luz entra en escena y lo primero que dijo: Oye… sabes en dónde se ha quedado mamá?- bueno, no es que Luz tenga mamitis sino que mamá siempre era la bocina de cada mañana y al no verla en casa sin saber nada de ella, obviamente nos extrañaba mucho…
La extráñábamos mucho...
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